
Vinoteca isla · Turó Park
420 botellas · triple zona
280 botellas con doble zona de temperatura escondidas bajo una isla de cocina de 3,2 metros. Frente continuo de roble blanqueado y push-to-open: la vinoteca aparece solo cuando se necesita.
El cliente, propietario de una vivienda de veraneo en Sotogrande con cocina abierta a salón-comedor en planta única, había planteado al arquitecto que no quería ningún electrodoméstico visible. La cocina debía leerse como mobiliario continuo de roble blanqueado, sin asas, sin perfiles metálicos, sin equipos. Esa premisa estética chocaba con su colección personal de aproximadamente 250 botellas que necesitaba alojamiento en la propia vivienda. La solución pasó por integrar una vinoteca de 280 botellas en el módulo bajo de la isla central, con frente continuo y apertura silenciosa, de manera que en estado cerrado fuera invisible.
| Tipología | Vinoteca integrada bajo isla central de cocina abierta |
|---|---|
| Ubicación | Sotogrande, Cádiz · vivienda particular de veraneo |
| Capacidad total | 280 botellas (80 servicio + 200 guarda) |
| Zonas térmicas | 2 independientes: 8 °C · 14 °C |
| Dimensiones módulo | 3,20 × 0,65 × 0,72 m (largo × fondo × alto) |
| Materiales nobles | Roble blanqueado mate · roble macizo en bandejas |
| Apertura | Push-to-open con cierre asistido · sin tiradores ni perfiles |
| Cristalería | Doble laminado · cámara argón · filtro UV (visible solo desde dentro) |
| Aislamiento | PIR 50 mm con rotura de puente frío perimetral |
| Compresor | Desacoplado bajo encimera adyacente · conducto refrigerado 1,4 m |
| Plazo de ejecución | 7 semanas en taller · 3 días de instalación |
| Año de entrega | 2025 |
Sotogrande está a menos de 2 km del mar. Cualquier mueble de cocina con barniz convencional desarrolla manchas y degradación del acabado en menos de cinco años por la combinación de humedad salina y radiación solar indirecta. El roble blanqueado utilizado en este proyecto recibe un tratamiento previo de saponificación con potasa cáustica que abre los poros, seguido de pigmentación blanca penetrante y sellado con aceite duro de carnauba. El acabado no es superficial: el blanco está dentro de la fibra. Resistencia probada a más de quince años de exposición salina sin pérdida apreciable de tono ni textura.
El compresor desacoplado a 1,4 metros del compartimento es la decisión que permite vivir con la vinoteca sin oírla. Los compresores integrados habituales en una vinoteca bajo isla emiten 38-42 dB justo a la altura del taburete del desayuno, lo que con el tiempo termina molestando incluso a quien no presta atención al ruido. Desplazándolo al módulo contiguo y conectándolo por conducto aislado, el ruido percibido cae a 28 dB, indistinguible del ambiente nocturno de una casa.
Cada bodega, vinoteca o humidor se proyecta desde cero sobre su espacio. Escríbanos o llámenos y concertamos una visita técnica para estudiar su caso. Sin intermediarios. Sin compromiso.